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Brujos de Chiloé ¿Fantasía o realidad?

por | Nov 3, 2022 | Leyendas de Chiloé | 2 Comentarios

Son muchas las historias que se han transferido por generaciones acerca de seres sobrenaturales en la Isla de Chiloé, las primeras las oí de mis abuelos. Aún recuerdo su casa, en la calle Mechuque de Puerto Montt y las tardes de invierno que pasaba ahí. Ayudaba a mi abuela a amasar pan que luego cocinábamos sobre la estufa a leña, recogía hojas de cedrón de la huerta en el patio trasero para preparar la deliciosa infusión y aprendía algún juego para capear las oscuras y lluviosas tardes del sur.

Ahí escuché por primera vez historias acerca de personajes fabulosos que dejaron una huella imborrable en mi imaginario infantil. El Trauco, la Voladora, la Pincoya, el Imbunche, el Caleuche eran visitantes frecuentes de cada historia que me contaban. A diferencia de otras culturas, la mitología chilota no posee seres hermosos y perfectos, por lo general, sus personajes cargan con alguna deformidad que los hace feos y repulsivos. Monstruosidades que mezclan figuras humanas con la de animales, por lo que son fáciles de identificar, a excepción de los brujos, que en apariencia son personas comunes y corrientes. Sin embargo, poseen poderes maléficos que los hacen muy peligrosos.

El brujo tiene la capacidad de dominar la mente de sus víctimas, lanzar hechizos o maleficios, como el “mal de ojo”, hasta provocar la muerte a distancia a través del Llancazo. Son capaces de volar usando su macuñ, una prenda de vestir confeccionada con la piel del pecho de su víctima, acto que les valió, de manera despectiva, el apelativo de “pelapechos”. Pueden recorrer largas distancias utilizando su macuñ, el que proyecta una luz como la de un farol, para guiar su vuelo. Era tal el temor que provocaban, que muchas familias solían cortar la piel de sus fallecidos con el fin de que no pudieran utilizarla para la fabricación de esta prenda.

Los brujos forman parte de la Recta Provincia, una sociedad secreta que se reúne en la cueva de Quicaví o Casa Grande como se le suele llamar. Además de ser un punto de reunión, la cueva de Quicaví guarda importantes artilugios de uso común entre “los sin alma”. Por ejemplo, el Chayanco, una especie de artefacto parecido a un espejo, que les permite ver a sus víctimas y facilita la aplicación del llancazo, o el Levisterio o Revisorio, un libro de brujería disputado siglos atrás y que guarda los principales secretos de la hechicería.

Para convertirse en brujo, el iniciado debe pasar una serie de pruebas y ritos que permiten demostrar si posee el “don”. Alimentarse de alimentos indigestos, dormir sobre una tumba en algún cementerio, realizar solitarios recorridos nocturnos para enfrentar emboscadas preparadas por los brujos instructores, son algunas de las pruebas. Pero la más dura consiste en lavarse el bautismo, pasando innumerables noches bajos las gélidas aguas de un thraiguén o cascada. Al final, debe jurar su lealtad al mismísimo demonio, ante la mirada atenta de La Mayoría el tribunal supremo que rige la Recta Provincia.

El juicio

Recuerdo a mis abuelos y el convencimiento con que me contaban estas historias como si fuesen reales. Cuando era adolescente pude recorrer Chiloé y percatarme en persona de que ese convencimiento estaba muy arraigado en el pueblo chilote, al punto de defender con vehemencia la existencia de los brujos y su presencia en la sociedad. Solía considerar sus alegatos y explicaciones como algo folclórico ligado al desconocimiento y al deseo de pertenecer a algo místico o mágico. Pero el tiempo siempre va regalando perspectivas.

¿Qué hace que algo sea real? Seguro habrá mucho debate al respecto, pero en ese aspecto hay antecedentes que juegan a favor de los miembros de la Recta Provincia. Por allá por 1880, el intendente de Ancud, don Luis Martiniano Rodríguez inicio un proceso judicial contra los brujos de Chiloé. Con el fin de detener el avance de las practicas de la secta, se convocó a cerca de cien personas entre acusados e involucrados que aseguraban saber de su existencia.

Se intentó investigar entre la población con el fin de recopilar más detalles acerca del paradero de los hechiceros, sin embargo, la gente se negó a entregar información, ya sea por miedo o por conveniencia. La investigación finalizó en condenas concretas para acusados por homicidios que se basaban en prácticas relacionadas con la brujería.

¿Realidad o ficción? Lo único que sabemos es que se levantó un juicio a los brujos de Chiloé. La pregunta es ¿Se puede juzgar legalmente algo que no existe?

Si te interesa el tema te propongo dos lecturas acerca de este caso y que puedes encontrar haciendo click en las imágenes.

El documento “Proceso a los brujos de Chiloé” que se encuentra en la biblioteca Nacional de Chile.
El libro “Reyes sobre la Tierra” de Gonzalo Rojas

Lamentablemente toda la información relacionada esta basada en transcripciones realizadas por el profesor Ramon Espech, ya que los originales se encuentran “convenientemente” desaparecidos.

¿Qué opinas de esto?

2 Comentarios

  1. Clau

    Que buen post! Como no recordar Koki y sus historias en la cueva de los brujos…. Volví a recordar ese viaje flash a Chiloe y su mística!

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  2. Amparo

    Muy interesante!!! Gracias por motivarnos a descubrir un poco más de la cultura chilota y de nuestra historia.
    Buscaré los libros que recomiendas !!

    Responder

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